Celebración Histórica: Porfirio Díaz

LA CELEBRACIÓN DE LA HISTORIA: HABLEMOS DE PORFIRIO DÃAZ

(PRIMERA PARTE)

El nombre de Porfirio Díaz se asocia generalmente a las palabras ‘progreso’, ‘modernidad’ y ‘desarrollo económico’, entre otras. Asimismo, las imágenes más frecuentes que aparecen en nuestra cabeza al hablar del Porfiriato son las de las grandes haciendas de provincia y las de una red de ferrocarriles que iba extendiéndose poco a poco por todos los rincones del país. Sin embargo, a la par, una serie de conceptos de carácter muy distinto se presenta ante nosotros cuando nos referimos a tan singular personaje de la historia de México: tiranía, corrupción, pobreza y represión ¿A qué se debe tan contradictoria figura? Veamos qué hay de cierto y de particular en ella.

El gobierno de Díaz (1876-1911) le dio continuidad y máximo alcance a un proceso que su antecesor, Benito Juárez (1857-1859, 1860-1863, 1867-1872) había iniciado: la transformación de la economía nacional, hasta entonces basada en haciendas aisladas que producían casi exclusivamente para sí —es decir, una economía feudal—, en una economía capitalista de tipo conservador. ¿Qué quiere decir esto? Que las haciendas, ocupadas en la agricultura, la ganadería, los textiles y el comercio desigual, y no en la industria pesada, como ya ocurría en algunos países de Europa y en Estados Unidos, comenzaron a generar productos en una cantidad superior a la que ellas mismas necesitaban para consumir a fin de vendérselos a otras haciendas y, con el dinero obtenido, comprar mercancías diferentes de las propias. Mas ¿qué hacía falta para lograr esta acelerada dinámica de intercambio? Sin duda, un medio de transporte: el ferrocarril.

Vayamos un paso hacia atrás. Cuando la Constitución de 1857 determinó que ya no debía existir más la propiedad común, ni la de la Iglesia ni la de los campesinos, sino únicamente la propiedad privada, una serie de individuos con alto poder adquisitivo se hizo de las tierras que antes pertenecían a las sociedades que las trabajaban y, con ello, sus haciendas se vieron acrecentadas en tamaño de una manera impresionante. Los campesinos, imposibilitados para sobrevivir una vez destruida su comunidad, no pudieron hallar más remedio que contratarse como peones para los grandes propietarios. He aquí el surgimiento del capitalismo en México; es decir, de las bases que permitieron un aumento de la producción, una economía de intercambio y un “progreso†y “desarrollo†de la riqueza material del país.

Los empresarios extranjeros, particularmente los norteamericanos, al ver que en México ya se habían creado las condiciones para que su inversión obtuviera ganancias, le propusieron a Díaz instaurar una red de ferrocarriles que conectara a la nación; en respuesta, Díaz no sólo accedió a ello, sino que dio todas las facilidades para que el capital estadounidense pusiera otros negocios a lo largo y a lo ancho del territorio mexicano: empresas mineras, fábricas de textiles, etc. Ahora Díaz podía decir que él era el principal responsable de la modernización e industrialización del país, el caudillo del “progresoâ€. Progreso, sí, pero ¿a qué costo? Al de la explotación laboral de todos aquellos que debían trabajar para las haciendas nacionales o, bien, para los negocios extranjeros. ¿Hay alguna semejanza entre esta situación y nuestra condición actual?

LA CELEBRACIÓN DE LA HISTORIA: HABLEMOS DE PORFIRIO DÃAZ (PRIMERA PARTE)

El nombre de Porfirio Díaz se asocia generalmente a las palabras ‘progreso’, ‘modernidad’ y ‘desarrollo económico’, entre otras. Asimismo, las imágenes más frecuentes que aparecen en nuestra cabeza al hablar del Porfiriato son las de las grandes haciendas de provincia y las de una red de ferrocarriles que iba extendiéndose poco a poco por todos los rincones del país. Sin embargo, a la par, una serie de conceptos de carácter muy distinto se presenta ante nosotros cuando nos referimos a tan singular personaje de la historia de México: tiranía, corrupción, pobreza y represión ¿A qué se debe tan contradictoria figura? Veamos qué hay de cierto y de particular en ella.

El gobierno de Díaz (1876-1911) le dio continuidad y máximo alcance a un proceso que su antecesor, Benito Juárez (1857-1859, 1860-1863, 1867-1872) había iniciado: la transformación de la economía nacional, hasta entonces basada en haciendas aisladas que producían casi exclusivamente para sí —es decir, una economía feudal—, en una economía capitalista de tipo conservador. ¿Qué quiere decir esto? Que las haciendas, ocupadas en la agricultura, la ganadería, los textiles y el comercio desigual, y no en la industria pesada, como ya ocurría en algunos países de Europa y en Estados Unidos, comenzaron a generar productos en una cantidad superior a la que ellas mismas necesitaban para consumir a fin de vendérselos a otras haciendas y, con el dinero obtenido, comprar mercancías diferentes de las propias. Mas ¿qué hacía falta para lograr esta acelerada dinámica de intercambio? Sin duda, un medio de transporte: el ferrocarril.

Vayamos un paso hacia atrás. Cuando la Constitución de 1857 determinó que ya no debía existir más la propiedad común, ni la de la Iglesia ni la de los campesinos, sino únicamente la propiedad privada, una serie de individuos con alto poder adquisitivo se hizo de las tierras que antes pertenecían a las sociedades que las trabajaban y, con ello, sus haciendas se vieron acrecentadas en tamaño de una manera impresionante. Los campesinos, imposibilitados para sobrevivir una vez destruida su comunidad, no pudieron hallar más remedio que contratarse como peones para los grandes propietarios. He aquí el surgimiento del capitalismo en México; es decir, de las bases que permitieron un aumento de la producción, una economía de intercambio y un “progreso†y “desarrollo†de la riqueza material del país.

Los empresarios extranjeros, particularmente los norteamericanos, al ver que en México ya se habían creado las condiciones para que su inversión obtuviera ganancias, le propusieron a Díaz instaurar una red de ferrocarriles que conectara a la nación; en respuesta, Díaz no sólo accedió a ello, sino que dio todas las facilidades para que el capital estadounidense pusiera otros negocios a lo largo y a lo ancho del territorio mexicano: empresas mineras, fábricas de textiles, etc. Ahora Díaz podía decir que él era el principal responsable de la modernización e industrialización del país, el caudillo del “progresoâ€. Progreso, sí, pero ¿a qué costo? Al de la explotación laboral de todos aquellos que debían trabajar para las haciendas nacionales o, bien, para los negocios extranjeros. ¿Hay alguna semejanza entre esta situación y nuestra condición actual?

  1. Actualidades dice:

    Como sabrán, en México se conmemorarán en este año dos fechas de suma importancia. El inicio de la lucha por independencia cumplirá 200 años el 16 de septiembre de 2010, y el inicio de la denominada revolución mexicana cumplirá 100 años el 20 de noviembre de este año también. Es por eso que ya entrando en el tema, les presento 4 melodías que acompañaron a aquella sociedad mexicana, en particlar el vals mexicano, uno de los géneros musicales más apreciados por Don Porfirio Díaz. ¿Me acompañan? ¡Vámonos al porfiriato!

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