Del “Crimen Organizado” al “Estado Criminal”

Por Escuela de Cultura Popular.
Panorama de la situación.
Como nunca antes el problema del narcotráfico se ha impregnado en la cotidianidad de los mexicanos. Y es que desde el 2006 cuando Calderón enarboló la guerra contra el narco, los niveles de violencia no han dejado de subir cada día, provocando más de 22,700 muertos y coloca a México entre los países más violentos del mundo. Las notas sobre decapitados, acribillados, compiten ya con las notas sobre el futbol en los diarios amarillistas y populares del país.
La única estrategia de esta guerra ha sido poner en las calles a más de 96 mil efectivos del Ejército. En su informe del 2009, Amnistía Internacional afirmó que el único resultado social de esta guerra es “un patrón de violaciones a los derechos humanos a manos de integrantes del ejército mexicano en el contexto de los operativos de combate al narcotráfico y al crimen organizado”.
Decenas de miles de soldados y policías en las calles, gastando 31 mil millones de pesos anuales (el mayor presupuesto jamás entregado para seguridad) no sólo ha sido una estrategia fracasada para combatir la estructura del crimen organizado, sino que incluso, ha provocado el fortalecimiento de los grupos rivales atacados por el gobierno, así como la expansión de delitos basados en el pánico social (como extorsión y secuestros).
Las estrategias mediáticas de las televisoras para dar una imagen de victoria y de guerra legítima, se han derrumbado en la opinión pública. Prueba de esto, fue un sondeo realizado por la consultora Harris Interactive en la que se muestra que el 75 % de los mexicanos opinan que los narcotraficantes son los que están ganando; el 41 % cree que alguien de su familia puede ser muerto o lastimado por la guerra contra el narco; el 64 % tuvo un fuerte rechazo a que el ejército estadounidense colaborara ya que lo considera una fuerte violación a la soberanía; además un 48% no confía en que la guerra al narcotráfico acabe cuando Calderón termine su mandato en 2012.
El temor no es un simple terror infundado y generado por medios masivos de manipulación (Televisa y TV Azteca), sino que se ha vuelto una atroz realidad. Mientras que para el Estado Calderonista ni siquiera el 10% de los daños colaterales son de importancia, para la población significa el asesinato de seres humanos a manos de cárteles, militares o por los enfrentamientos entre ambos. Se calcula que alrededor de 7,000 niños y adolescentes han sido víctimas directas de estos conflictos, de ellos, 4,000 fueron asesinados directamente en enfrentamientos, los otros 3,000 han quedado huérfanos. Es comprensible que en el marco de esta cultura de violencia y de avaricia capitalista, los niños y jóvenes vean a los narcotraficantes como modelos a seguir y esto haya sido aprovechado por los cárteles para reclutarlos a edades muy tempranas, más aún cuando se les excluye de oportunidades en materia educativa y laboral.
El Estado Criminal
Desde hace mucho tiempo, ha dejado de ser secreto que personajes influyentes, caciques, empresarios, mantengan el control de zonas, rutas y mercados destinados a producción y comercialización de drogas y otros negocios ilícitos. Para decirlo en palabras de la cúpula del poder mexicano, en mayo del 2009, en una entrevista con la periodista Carmen Aristegui, el expresidente Miguel De la Madrid (1982-1988) señaló que los nexos de Raúl Salinas con los cárteles de la droga sucedieron “sobre todo a partir del Gobierno de su hermano Carlos”, entre 1988 y 1994, un sexenio que el ex mandatario consideró marcado por la “inmoralidad”. Dichas declaraciones sólo confirman “oficialmente” la caracterización del Estado como “Narcoestado”.
Es sabida también la participación del narco en las campañas políticas y en la definición de los cargos públicos de elección popular, en la infiltración de todas las corporaciones policíacas y de seguridad, incluso el ejército. Se ha señalado a políticos y empresarios de ser los dueños del negocio de los enervantes. Y es que se estima que cada año se permite la entrada de 15,000 millones de dólares producto del narco al sistema político-económico mexicano.
Su carácter “mafioso” incorpora entre los poderes fácticos tanto a los cárteles internacionales de la droga como a las transnacionales de la industria y a los especuladores financieros. Es decir, los grupos que tienen el poder del Estado Mexicano han forjado alianzas donde el enemigo común termina siendo siempre la población ubicada en el último eslabón tanto de la cadena del narco (narcomenudistas o campesinos), dejando intactas las grandes estructuras que hacen viable el funcionamiento del narcotráfico o de los problemas de injusticia social, como del sistema de seguridad y justicia mexicano.
Como una estrategia paralela a esta militarización antinarco encontramos la constitución de grupos paramilitares en diversas regiones del país con el objetivo de amedrentar a las organizaciones y comunidades autónomas y anti-calderonistas. El ejército federal no sólo ha preparado militarmente a dichos grupos represores, sino además les ha suministrado recursos de todo tipo, incluyendo armas, vehículos, dinero y sobretodo IMPUNIDAD (recordemos la terrible matanza de Acteal en 1996, así como el acoso y bloqueo paramilitar en el que se encuentra el municipio autónomo de San Juan Copala, Oaxaca y el reciente ataque armado a la Caravana de Paz). 70,000 personas han sido arrestadas en la “Guerra calderonista” gran parte de los cuales pertenecen a este eslabón más débil que se nutre cada día con el ejército de desempleados, que la crisis neoliberal genera. Son las juventudes que no tuvieron acceso a la educación, son los campesinos que siembran enervantes, (muchos de ellos amenazados de muerte) cuyas mayorías quedaron indefensos antes las políticas entreguistas como el TLC y los que no se incorporaron al narco fueron a jugarse la vida migrando a EUA en busca de mejores condiciones de vida o asesinados por los narcos.
Diversos estudios de la ONU, incluso de la DEA, detallan que el flujo líquido de dinero del narcotráfico oscila entre 250 mil y 350 mil millones de dólares y otros 400 mil millones para la banca europea por la venta de heroína afgana. En la lucha por el poder absoluto del negocio más rentable en el mundo se ha buscado generar terror en la población civil que habita en las zonas de producción y distribución por medio de decapitaciones, masacres, mutilaciones, “levantones! e incluso el lanzamiento de granadas de fragmentación como ocurrió en la plaza cívica de Morelia, Michoacán, con el resultado de por lo menos 8 muertos y más de 100 heridos.
Es decir, se está buscando la creación de un escenario con miras a la intervención Estadounidense en nuestro país, bajo el argumento de la incapacidad mexicana para resguardar la seguridad. Vano e inútil es y será exigir al gobierno gringo que detenga la venta-consumo de cocaína en las calles estadounidenses ya que ésta genera más de 200 mil millones de dólares para la cadena del narcotráfico mundial. Aún más iluso sería que los problemas mexicanos inspiraran a los gringos a derogar “su derecho” de usar y sobre todo de vender armas al narco, aunque en tan sólo 3 años se hayan incautado a los narcos mexicanos 45,000 de sus armas de asalto. Lo que es real es que la intervención gringa avanza sobre nuestro territorio a través de la Iniciativa Mérida (de inversión y presencia militar) la cual se aplica como parte de la estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de América. No es casual que actualmente el gobierno mexicano utilice el término de “daños colaterales” para referirse a civiles asesinados, mismo que es utilizado por Estados Unidos en su guerra contra Irak y Afganistán.
Así pues, el supuesto combate al narcotráfico en la práctica no ha representado más que la aplicación de un “terrorismo de Estado” que tiene entre sus objetivos justificar la aplicación generalizada de vigilancia, hostigamiento y represión estatal contra la población, previniendo con esto la generación de movilizaciones de rechazo o protesta social. Es un objetivo no declarado de la narcoguerra: criminalizar a los movimientos sociales. Esto no es nuevo, la militarización de la vida civil y la represión policíaca son componentes fundamentales de la política interior de los gobiernos de derecha, para legitimarse en el poder y preservar los privilegios empresariales (capitalistas).
Ayudados por los grandes medios de comunicación, los gobiernos en turno han calificado la manifestación social como un delito y aplauden la presencia y represión policíaca en todo espacio popular. Esto ayuda a crear un ambiente de terror y desarticulación.
La creciente advertencia de analistas sobre posibles “estallidos sociales”, producto de la crisis y el descontento social, hace que el actual fenómeno de militarización que vive nuestro país sea una extensión de la guerra que ya existía desde hace muchos años, para erradicar todo tipo de insurgencia armada, rebeliones e incluso protestas ciudadanas pacíficas (como la APPO).
El problema del narco y del crimen organizado no pueden entenderse ni erradicarse si no se lucha también contra el Estado criminal y mafioso que lo mantiene, que dirige sus armas para erradicar y amedrentar toda organización y lucha popular anti-capitalista y anti-calderonista.
Ejercicios Para La Acción.
1. Concientización comunitaria.
Realiza con tus amigos, vecinos o compañeros de trabajo la discusión de este artículo enfatizando la pregunta: ¿Qué es y por qué ocurre el narcotráfico? ¿El ejército debe estar en las calles? ¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Cómo luchar contra el miedo y la desesperanza?
2. Acciones de autodefensa.
El mejor modo para impedir que “la droga llegue a tus hijos” no es votando por candidatos y partidos oportunistas, sino organizando pláticas con tus vecinos sobre el problema de la inseguridad para generar propuestas específicas, como son: sistemas de alarmas o comunicación, vecinales; fiscalización y denuncia de policías corruptos, trabajo con jóvenes adictos, trabajo de prevención, etc. Tarde que temprano la solución del problema implicará una transformación más amplia y radical, pero debemos iniciar con el primer paso organizativo.
3. Apoya medios independientes.
Procura estar informado sobre medios veraces y críticos que sinteticen la información y no te saturen de ella. No esperes que los periódicos te digan todo, ve a libros, páginas web, etc., para formarte un conocimiento sobre lo que ocurre. Solicita apoyo y orientación a nuestra organización.
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