Para discutir: Financiamiento o autogestión

Por Octavio Valadez

En la práctica, la cuestión económica no emerge primeramente como una pregunta marxista, sino como un problema material: falta de comida, vestido, vivienda, seguro social,   medios de producción. Esta condición generalizada en la población, está presente también en las organizaciones sociales. Dime de qué viven los militantes de una organización y te diré que tipo de organización en verdad es. El problema económico está presente detrás de las mesas, los telones, los discursos y las apariciones mediáticas. Suponer que  una organización es un islote socialista es una “robinsonada”, que ha provocado la postergación del problema fundamental de las organizaciones sociales: ¿cómo luchar contra el capitalismo sin caer en sus contradicciones o sin terminar en el exangüe alcance del voluntarismo?

Toda organización de lucha social contiene por lo menos dos tipos de trabajo: el acumulado por personas que han participado en dichas organizaciones, y el que se gesta cotidianamente por los militantes y colaboradores en activo.  El trabajo de los militantes de una organización no se reduce a un trabajo político, sino al hecho de que dichos militantes dan parte de su vida, de su plenitud para hacer todo tipo de trabajos culturales, económicos, políticos, etc. Se trata del reconocimiento de cada organización como una comunidad  de trabajo, en tanto que diseña, produce, distribuye productos materiales e intelectuales de liberación.

estrella

Aunque no podremos desarrollar más esta cuestión hoy, se puede afirmar que lo político no puede reducirse a lo económico, ni lo económico puede reducirse a lo político. Sin embargo, múltiples organizaciones dan por supuesta la condición desigual de sus agremiados para exigir una igualdad de obligaciones,  provocando que aquellos compañeros que no pueden resolver su condición económica terminen retirándose de los compromisos políticos.  Aquellos individuos o grupos que han podido resolver personalmente su condición económica terminan permaneciendo en las organizaciones y usando el trabajo acumulado de aquellos que no pudieron hacerlo.

Por todo esto se hace necesaria una profunda crítica y autocrítica del modo como las organizaciones han enfrentado el problema económico, y  las posibles salidas que existen para superar esta cuestión.

De lo político a lo económico y viceversa.

Sería un error considerar el problema económico como separado del problema político. Aunque muchas organizaciones manejan un discurso público que crítica la expropiación del plusvalor por parte de los capitalistas, o la falta de legitimidad de los gobiernos en turno, hacia dentro, dichas organizaciones pueden ser antidemocráticas y tener clases políticas que se expropian del plusvalor que producen las “bases” de dichas organizaciones.

Cuando un líder, o dirigente funda su poder delegado como emanado de sus “virtudes y capacidades” personales, y comienza a identificar su persona con la organización, la democracia en las organizaciones comienza a volverse una palabra tan hueca, como aquella que se critica del régimen electorero. Y es que todo militante que tenga medianamente resuelta su condición económica (por azares o trabajos privados), tendrá mayores posibilidades de ser un dirigente o de constituirse como líder de una organización, que aquellos integrantes que carecen de dichas condiciones.

Ahora bien, cuando ser dirigente  implica además, tener acceso a facilidades para gestionar alternativas laborales personales o de hacerse de un recurso extra, la dirigencia política se convierte además en espacios de privilegios político-económicos que serán ambicionados o defendidos por grupos de poder interno.

Como podemos ver, tarde que temprano, comienza a distinguirse una política y una economía de lo “privado”, donde cada quien resuelve sus problemas y posiciones como puede (aún suponiendo que lo hace a nombre de, o inspirado por su organización) y otra, donde dichos problemas se socializan y ponen a un debate democrático.

Al hacerse público un problema y abordado por la comunidad, la cuestión   económica exige constituirse bajo principios, que permitan distinguir entre una comunidad de lucha socialista, de una “empresa socialmente responsable”.  Y es que bajo  principio pragmáticos (como el del poder por el poder, lo que sirva a la “revolución”), muchas organizaciones cayeron en las mismas contradicciones políticas y económicas contra las que luchaban, aunque mantenían un discurso  claramente “socialista”.

Justamente el concepto de autogestión, nació como una crítica profunda a la instauración de una burocracia “socialista” y su carácter heterónomo de las decisiones económicas. En un interesante cuaderno publicado por el Taller para la Construcción del Socialismo,  Alfredo Velarde propone una serie de presupuestos necesarios para hablar de una autogestión, entre los que se encuentran: 1) propiedad colectiva o social de los medios de producción 2) el reconocimiento  y expresión de la vida democrática evitando todo autocracia; 3) autogestión general tanto en el ámbito de los productores como en el de los ciudadanos, y  4) la gestación  de la empresa por el conjunto que en ella labora. Dichos presupuestos sólo se realizan en tanto  se constituyan: a) un nivel económico adecuado, b) una economía desarrollada, c) tendencia hacia la desaparición del estado, y d) socialización de los medios de producción, culturales e intelectuales.

Como se puede ver, el concepto de autogestión se convierte en una idea regulativa de las acciones que una organización y comunidad emprende para resolver el problema de su gestión política, económica y cultural. Sin embargo, toda idea regulativa carece de fuerza, sino deviene en principios explícitos y claros  que normen la vida de una comunidad.

Es por esto que una organización que hace trabajo económico sin distinguir  sus limites entre lo privado y lo comunitario, sin respetar y asumir  los principios para una vida democrática de decisión y participación,  y finalmente sin potenciar que los diseñadores, productores y distribuidores de un trabajo sean participes de la gestión  de su empresa u organización, entonces dicha organización podrá tener un discurso transformador hacia afuera, pero claramente  contradictorio hacia dentro.

Recientemente diversas organizaciones han abierto esta discusión a partir de una critica y autocrítica sobre el uso de financiamientos gestionados por lideres o grupos honestos,  pero carentes de un aspecto esencial de la autogestión: la de someterse a la voluntad y principios explícitos de una comunidad de militantes y por el contrario, sometiendo a la comunidad a los designios de su voluntad  ilustrada.

Por todo esto bien vale la pena preguntarnos:

1) ¿cuáles son los procedimientos privados y públicos válidos para  potenciar alternativas económicas  para una organización que se asume anticapitalista?

2) ¿qué papel juegan los líderes y representantes de una organización para el desarrollo político-económico de las organizaciones?

3) ¿qué papel debe jugar el trabajo con, para y desde el Estado, en organizaciones anticapitalistas?

4) ¿cuáles son los riesgos y oportunidades que pueden dar los financiamientos públicos o privados para organizaciones independientes?

5)¿cómo debemos interpretar las experiencias históricas para la superación de contradicciones pasadas?

6) ¿cómo se constituye económicamente el poder popular?

Para un análisis de esto se requiere por supuesto revisar experiencias históricas, pero desde un marco conceptual que nos permita comprender el problema y evitar ante todo la fetichización justificatoria de una interpretación histórica. En siguientes entregas esperamos contribuir a esta comprensión.

line
footer
Powered by WordPress | Designed by Elegant Themes