Por el Seminario para el Poder Popular, ECP-OPC-CLETA
(en prensa en el Periódico El Machete, No. 207).
El problema de la concientización y de la educación política es lugar común en los discursos emancipatorios y organizaciones sociales. Sin embargo existen muchas interpretaciones históricas sobre la teoría y la metodología marxista de la conciencia de clase. Una de ellas y que aún se maneja en el discurso de varias organizaciones sociales, es la que considera que la política, la religión, o los así llamados aparatos ideológicos e intelectuales de una sociedad constituyen la superestructura ideológica que se encuentra determinada por los modos específicos de producción social (estructura). Esta visión piramidal de las determinaciones económicas por sobre las otras esferas de la vida social, fue desarrollada a partir de la lectura poco crítica de un fragmento en el prologo de Carlos Marx a su Contribución a la crítica de la economía política (1859), a saber:
“En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determindas formas de conciencia social”.
Marx buscaba con esto clarificar y enfatizar el carácter material de su enfoque, en tanto que la realidad social no podía ser entendida por abstracciones que omitieran el modo cómo los hombres reproducen socialmente (es decir, de forma práctica, política, ética) materialmente sus vidas.
Sin embargo, la idea de una pirámide cuya base estructural determinaba todas las formas superiores hizo que gran parte de las visiones de la conciencia, de la cultura y de la política se redujeran a una explicación y discurso unicausal, reductivo y abstracto (aunque consideraba la parte material), que poco tenía que ver con la metodología dialéctica del pensamiento de Marx.
Y es que una visión dialéctica asume que la realidad es una totalidad compleja, unidad de la diversidad de determinaciones y manifestaciones y nunca una estructura unidireccional y detenida sobre un fundamento puro. La realidad es un todo sistemático y dinámico, es movimiento determinante pero también determinado. Ya Marx en sus manuscritos (poco leídos por la izquierda), Grundrisse (1857-58), afirmaba lo siguiente:
“El resultado al que llegamos no es que la producción, la distribución, el intercambio y el consumo sean idénticos, sino que constituyen las articulaciones de una totalidad, diferenciaciones dentro de una unidad”.
Es decir, la producción si bien puede determinar materialmente otros momentos de lo real, ella también se encuentran determinada de manera práctica, es decir en ese ámbito comunicativo, político, argumentativo y espiritual de la realidad social por otros momentos como son la circulación o la distribución de mercancías.
La categoría de proletario, también nace de una visión dialéctica en tanto que no se refiere a una condición humana abstracta sino relacionada con sus determinaciones históricas, en este caso la propiedad privada:
“Proletariado y riqueza son contrarios, y forman un solo conjunto. La propiedad privada como tal, como riqueza está obligada a mantenerse a sí misma y por ende a su contrario, el proletariado en existencia. Este es el lado positivo de la contradicción, la propiedad privada satisfecha consigo mismo. El proletariado, por otra parte está obligado como tal a abolirse así mismo y por ende a su contrario, la condición de existencia, lo que lo hace proletario, o sea la propiedad privada. Este es lado negativo de la contradicción. (Miseria de la filosofía, Marx).”
Como podemos ver lejos de reproducir una visión piramidal de la explicación de la realidad, debemos comprender por ejemplo cómo es que la conciencia y esa “superestructura” intelectual se vuelven a su vez condición de posibilidad tanto para el mantenimiento de la realidad capitalista como para su transformación. De hecho todo el aparato crítico de Marx busca dar elementos para que el proletariado tome conciencia de su misión histórica por superar esta contradicción material y abolirse así mismo como proletario (lo que afirma una determinación de la superestructura hacia la estructura).
Importantes teóricos como Sánchez Vázquez, Lucacs e Istvan Meszáros han advertido que una visión no dialéctica de la realidad conlleva también una práctica revolucionaria o liberadora contradictoria y abstracta. Por ejemplo, cuando se niega que la autonomía relativa que tiene la conciencia se cae en un economicismo, un fatalismo e incluso un inmovilismo en tanto que nada se puede concientizar si no hay un cambio en la producción. Por otro lado, una visión que le da una autonomía absoluta a la conciencia suele caer en subjetivismos, voluntarismos y activismos que al no tomar en cuenta las condiciones objetivas están destinadas al fracaso. Ahora bien, hablar de condiciones objetivas y subjetivas carece de valor sino se desarrolla lo que ello implica.
Por condiciones objetivas debe ubicarse la contradicción entre el trabajo y capital, donde los trabajadores existimos para la riqueza y no al revés, así como la división social del trabajo a nivel mundial, y la constitución de competencia entre capitales mundiales que generan la dependencia de los países periféricos a los países del centro. Es decir, se trata del problema concreto (económico, político, cultural) no sólo de un país (la cuestión nacional) sino también del ámbito mundial de un capitalismo globalizado. Es por esto que una toma de conciencia (o conciencia en sí y para sí) exige comprender el papel que juegan los oprimidos en el desarrollo del sistema histórico contemporáneo y en las confrontaciones globales.
Desde esta perspectiva podemos afirmar que una pedagogía de la liberación emerge de una dialéctica de la conciencia y de las condiciones materiales, es decir ni sólo un problema de concientización, ni sólo un problema de abolición de la propiedad privada (material). En tanto pedagogía y no mera instrucción, el problema de la conciencia además exige una construcción dialógica y por grados y nunca un proceso lineal y mecánico. Se trata de ir superando diversos “niveles de conciencia” que van desde la conciencia individual (por ejemplo la de defender sus derechos básicos), la conciencia de grupo (por ejemplo la defensa de un sindicato), hasta una conciencia que comprende su papel histórico de transformación de la totalidad. La evolución de la conciencia tiene que ver tanto con una comprensión de la equivalencia de las demandas sociales negadas por un sistema totalizado y basado en la injusticia, pero también por una identidad cultural propia de sujetos concretos que no sólo son trabajadores sino también indígenas, mujeres, homosexuales, morenos, etc.
Por el lado de las condiciones objetivas, una pedagogía de la liberación conlleva la organización política de estas equivalencias para que éstas puedan constituirse como una fuerza hegemónica de liberación. Se trata aquí tanto de programas factibles que generen condiciones de emancipación, pero también con la construcción de formas democráticas donde lo político no se reduce a lo económico, ni los principios éticos y políticos se trivializan.
La pedagogía de liberación no busca implantar idealistamente una conciencia proletaria, sino de ir transformándose junto con la transformación de sujetos sociales en actores políticos que comprendan en mayor medida los antagonismos históricos a los que se enfrenta. Es por esto que dicha pedagogía se relaciona estrechamente con la noción de poder popular, como aquel proceso de construcción de comunidades donde se afirma este tránsito entre la conciencia y el trabajo, entre la política y la cultura con la lucha y la transformación de instituciones.
En resumen, la pedagogía de liberación no es un canon abstracto de concientización, ni tampoco la punta de una pirámide determinista, sino una espiral dialéctica entre las condiciones materiales de un pueblo y de una clase social, con el desarrollo de una conciencia que comprende tanto su negación histórica como sus infinitas posibilidades de creación.
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